¿El "Mundo" o la "Salvación"?
Escrito por: Tito
28/09/2009 a las 11:32 PM
“Mi Princesita”, como cariñosamente le llamaba yo, será el identificador que emplearé para aludir a una chica físicamente muy interesante, al menos para mí, que acaparó casi por completo mi atención, me sacudió de pies a cabeza y se apoderó de mi corazón por un buen tiempo. De seguro les ha ocurrido que en medio de la infinidad de chicas físicamente casi perfectas que a diario vemos en posters, internet, anuncios, la tele, etc., de repente un día ven una que sobresale entre todas por su identificación más estrecha con vuestro gusto. Pero, si a ello le sumamos que no solo el físico la identificaba con mis exigencias de pareja, sino que además, es de una personalidad al mismo tiempo algo misteriosa, provocadora, alegre, unas veces frágil, otras de aparente fortaleza y seguridad indestructible; o sea, una chica de esas que te llenan la vida de matices y te hacen cada día diferente. Pues así es “Mi Princesita”, casi la mujer de mis sueños. Y sí, digo “casi”, porque en medio de todo esto, aunque parezca imposible, existe entre nosotros una barrera que parece ser muy fuerte. Tan fuerte como para impedirle a ella compartir su vida conmigo. Una barrera que la convierte a ella en la primera chica “de su tipo” con quien tuve una relación de pareja. Esa barrera es Dios, “Mi Princesita” es cristiana y yo no.
Inicialmente entre nosotros ocurrió una atracción que no sabría como describirles, solo les puedo decir que nunca antes me había ocurrido de esa manera y con tal profundidad. También es cierto que nunca antes había tenido una novia cristiana, ni siquiera había tenido una amiga bien cercana a mí que fuese cristiana, por lo que yo apenas conocías de su mundo, de su forma de ver la vida, de su forma de relacionarse con los demás, y lo peor de todo, yo no tenía la más mínima idea de cómo tratarla. Esto me cohibió de muchas cosas que acostumbro a hacer casi por instinto con las otras relaciones que he tenido. No sabía qué estaba bien o mal para ella, pues siempre pensé que las mujeres cristianas son diferentes a las demás. Por otra parte, desde el comienzo todo fue un problema, pues su madre y su hermana son cristianas también y ambas le reprocharon que pudiera tener una relación conmigo. Nada, que estábamos nadando a contracorriente y en medio de una tormenta. “Mi Princesita” me pidió que prestara atención al llamado de Dios, para facilitar las cosas entre nosotros, y comencé a asistir a la Iglesia junto a ella y en ocasiones hasta iba solo. Ese llamado nunca lo logré escuchar, pero no me sorprendió, pues siempre he estado claro de que no comparto casi nada de la vida cristiana, a pesar de que puedo decirles que es una de las cosas que más respeto me inspira.
El resultado de todo esto fue que, por todas estas razones “Mi Princesita” fue perdiendo lo que sentía por mí. Creo que mi más grande error fue el de pensar que por ser cristiana tenía que tratarla diferente, como si sus deseos y placeres fueran diferentes al del resto de las chicas, y eso no es cierto, al final, todas, pero todas las mujeres sienten más o menos las mismas necesidades, desfrutan de más o menos los mismos placeres. El hecho de ser cristiana la obligaba a portar una armadura protectora escondiendo debajo de ella una mujer más, tan sencilla y tan complicada como cualquier otra pero con sus deseos controlados y acotados por normas de una ideología subjetiva. ¿Acaso hay que pedirle permiso a alguien para amar? ¿A quien engañamos cuando dejamos de hacer algo solo para no infringir o romper una disposición? ¿Tiene sentido una vida así? ¿Se llega a ser verdaderamente feliz dejando de hacer lo que queremos simplemente porque “alguien” dijo que no es correcto? ¿Realmente vale la pena perder la única vida que realmente tenemos para vivir, por intentar “salvar” el alma para una hipotética vida después de la muerte? ¿Si verdaderamente Dios nos ama, como puede ser tan egoísta?
Inicialmente entre nosotros ocurrió una atracción que no sabría como describirles, solo les puedo decir que nunca antes me había ocurrido de esa manera y con tal profundidad. También es cierto que nunca antes había tenido una novia cristiana, ni siquiera había tenido una amiga bien cercana a mí que fuese cristiana, por lo que yo apenas conocías de su mundo, de su forma de ver la vida, de su forma de relacionarse con los demás, y lo peor de todo, yo no tenía la más mínima idea de cómo tratarla. Esto me cohibió de muchas cosas que acostumbro a hacer casi por instinto con las otras relaciones que he tenido. No sabía qué estaba bien o mal para ella, pues siempre pensé que las mujeres cristianas son diferentes a las demás. Por otra parte, desde el comienzo todo fue un problema, pues su madre y su hermana son cristianas también y ambas le reprocharon que pudiera tener una relación conmigo. Nada, que estábamos nadando a contracorriente y en medio de una tormenta. “Mi Princesita” me pidió que prestara atención al llamado de Dios, para facilitar las cosas entre nosotros, y comencé a asistir a la Iglesia junto a ella y en ocasiones hasta iba solo. Ese llamado nunca lo logré escuchar, pero no me sorprendió, pues siempre he estado claro de que no comparto casi nada de la vida cristiana, a pesar de que puedo decirles que es una de las cosas que más respeto me inspira.
El resultado de todo esto fue que, por todas estas razones “Mi Princesita” fue perdiendo lo que sentía por mí. Creo que mi más grande error fue el de pensar que por ser cristiana tenía que tratarla diferente, como si sus deseos y placeres fueran diferentes al del resto de las chicas, y eso no es cierto, al final, todas, pero todas las mujeres sienten más o menos las mismas necesidades, desfrutan de más o menos los mismos placeres. El hecho de ser cristiana la obligaba a portar una armadura protectora escondiendo debajo de ella una mujer más, tan sencilla y tan complicada como cualquier otra pero con sus deseos controlados y acotados por normas de una ideología subjetiva. ¿Acaso hay que pedirle permiso a alguien para amar? ¿A quien engañamos cuando dejamos de hacer algo solo para no infringir o romper una disposición? ¿Tiene sentido una vida así? ¿Se llega a ser verdaderamente feliz dejando de hacer lo que queremos simplemente porque “alguien” dijo que no es correcto? ¿Realmente vale la pena perder la única vida que realmente tenemos para vivir, por intentar “salvar” el alma para una hipotética vida después de la muerte? ¿Si verdaderamente Dios nos ama, como puede ser tan egoísta?
¿Por què tendrìa que ser un obstàculo? ¿Còmo convivir diariamente con alguine que no tiene su total devociòn, adoraciòn y alabanza en Dios sino que compartida con otros? ¿Còmo convivir con alguien que dice que cree en Dios, pero no le cree, no confìa en que lo que Dios ha hablado a travès de la Biblia, Su Palabra es todo cierto? ¿Còmo educar a los hijos? ¿Còmo compartir con las familias de diferentes ideologìas?...
El amor verdadero viene de Dios, pero no es ese amor insulso y cursi, sino un amor maduro que ve por el bien del otro y que hace lo que es màs conveniente para ambos, siempre tomando en cuenta lo que la Palabra de Dios habla.
Tito, tu testimonio es ejemplar, no dejes que la religion se interponga en tu camino. No importa si eres cristiano o no, si sientes q eres capás de amar a esa persona, simplemente hazlo, no te vas a arrepentir.
Viendolo desde un punto de vista religioso, "Amar a Dios sobre todas las cosas..." es un mandamiento, se puede interpretar como "Elegir a Dios sobre tu propia felicidad" NO!! para mi mas bien seria, "Amar a Alguien tanto como Amas a Dios." eso seria mejor.
La diferencia de religion o creencias, es solamente una diferencia, nada mas, como que te pongas una camisa roja, y ella una camisa azul, igual son personas, no dejan de ser lo que son solo por tener diferencias.. La religion es solo algo mas, y ya.
Dios, Buda, Cristo, Alá, Kamisama, todos se basan en el Amor, asi que, no te preocupes y ama a esa persona tanto como puedas, Dios no te va a mirar mal ni te va a cerrar las puertas del cielo, al contrario, te va a admirar, proque eso es lo que él quiere, q aprendas a hacer algo dificil de lograr, y eso es AMAR.